Prostitutas lo disfrutan: Una entrevista en Atasta

Prostitutas lo disfrutan: Una entrevista en Atasta

La colonia Atasta de Villahermosa, Tabasco es conocida por ser una de las zonas más longevas del estado y también, por albergar un buen número de mujeres y transexuales que se dedican a la prostitución durante la noche, sin embargo, desconocemos el motivo por el cual se dedican al oficio “más antiguo del mundo. Así que me tome la tarea de hacerles algunas preguntas y contarles el resultado…

«Lo más difícil que he vivido fue cuando los de reglamento nos corrían a mi y a mis compañeras, nos golpeaban para evitar que siguiéramos trabajando”

Gaby, como le dicen sus amigas, es una chica transexual de 45 años, que desde los 14 comenzó a vender su cuerpo por necesidad. A la muy corta edad de 8 años se dio cuenta de su preferencia por los hombres y su deseo por convertirse en mujer, situación que provocó que su padre la echara de su casa, llevándola directo a la prostitución.

Su primera vez se consumó a los 10 años en un cuarto oscuro de la colonia Centro:

Allí no gane dinero, pero sí un poco de experiencia y mi deseo por estar con más hombres fue creciendo. Conocía un poco sobre la prostitución, no sabía con quién irme o cuánto cobrar, pero preguntando se llega a Roma, ¿no?. Una amiga tenía sus dudas por apoyarme a trabajar como prostituta, era menor de edad y aunque me vestía como mujer, realmente no lo era.

Me sentía atrapada dentro de este cuerpo y aunque no te lo puedo explicar, sabía en el fondo que yo debí nacer mujer y así nació mi interés por convertirme en mujer. Dentro del grupo de personas que trabajamos era la más chica y muchos hombres siempre venían por mí, creo que eso provoca un poco de celos entre mis compañeras pero siempre nos mantuvimos unidas.

Los hombres no preguntaban mi edad, solo querían penetrarme o que se las chupara, yo realmente lo disfrutaba, y en poco tiempo gané lo suficiente para transformarme en mujer y tener la imagen que tanto anhelaba”.

En una noche con “suerte» llega a ganar $1,000 pesos tan sólo en 5 horas, advirtiendo a sus clientes que es una «mujer trans”, pero ese no es problema porque al parecer el 90% de los hombres que llegan prefieren a las trans.

«Yo ofrezco sexo oral y penetración, aunque todo con protección”, me cuenta que todos los clientes llegan en auto y que además le ha tocado ir a moteles desde los más sencillos hasta hoteles de 5 estrellas, con hombres de mayor poder adquisitivo.

Lo más difícil que he vivido fue cuando los de reglamento nos corrían a mi y a mis compañeras, nos golpeaban para evitar que siguiéramos trabajando, pero eso ya quedó atrás, claro la inseguridad está en todos lados, a algunas ya las han asaltado pero afortunadamente a mi no me ha tocado», dice Gaby.

Gaby está conforme con esa actividad, lleva la vida de mujer que siempre había querido y gana mejor que un asalariado, a pesar de los riesgos que esto representa el sexoservicio.

Son las 11 de la noche y a lo lejos se ve un auto negro, se trata de “Don Arturo», uno de los mejores clientes de Gaby, según me cuenta, quien me dice adiós y se da la vuelta para subir al auto y comenzar su primer servicio.

La noche sigue y en la zona de tolerancia también hay mujeres que ofrecen sus servicios para llevar el sustento a sus casas.

Martha, una chica de 30 años, se dedica a estudiar costura por las mañanas y por las noches al sexoservicio, ya que la situación económica y las ganas de poder estudiar la orillaron a este mundo.

Tengo cinco años en la ciudad, vengo de Veracruz y me gustó el trato que me dan los hombres aquí. Estoy estudiando la prepa los fines de semana y aquí me encuentran por la noche”.

Hasta este momento ha realizado ya su tercer servicio de la noche bajándose de un vehículo, aunque todavía no ha logrado cumplir con la tarifa que se impone todos los días.

Comenta que hay mucha competencia en el lugar y eso provoca que se tenga que esforzar más para conseguir clientes mientras ve cómo sus compañeras hacen el intento por pescar a alguien.

Así como ella, hay cerca de 30 mujeres instaladas en la calle Francisco J. Mujica y la avenida Adolfo Ruiz Cortines, frente al centro nocturno “La Choza”, en donde pasan la mayor parte de la noche algunos «turistas» que llegan a relajarse y después de unos cuantos tragos, van por unas chicas para terminar la diversión. Algunas tienen pena de hablar, pues prefieren ofrecer sus servicios que atender a la entrevista y así alcanzar su meta de ganancias de la noche.

 

Por Charmin.

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